Un duro diálogo con la Comisión Mixta de Presupuestos protagonizó el ministro de Hacienda, Felipe Larraín, al presentar una proyección de crecimiento para este año más optimista que el mercado, provocando las dudas de los parlamentarios.

En su segundo Informe de Finanzas Públicas del año, la autoridad ajustó algunas variables macroeconómicas para este año como cobre, demanda interna, tipo de cambio, pero fue su estimación de crecimiento la que más debate generó. Larraín presentó un rango de estimación entre 3% y 3,5%, tal como dijera el Presidente Piñera en la Cuenta Pública, centrado en un 3,2%, lo que se traduce en que para efectos de los cálculos esta es la proyección oficial.

Basó su expectativa en el efecto de la baja de tasas y en el programa de aceleración de obras públicas y viviendas por US$2.400 millones. “Estoy tranquilo de que son proyecciones factibles. Hay que considerar el efecto de la agenda de aceleración económica: entre 30% y 35% impactará este año”, sostuvo.

Los parlamentarios no quedaron muy convencidos con este número. “El gobierno está sobreoptimista, optimismo que no tiene el resto del mercado. El gobierno debiera sincerar la situación, porque cuando no asume la realidad cuesta tener el antídoto adecuado”, indicó el presidente de la Comisión Mixta, senador Ricardo Lagos (PPD). “Nos preocupa la baja en la proyección, lo que antes aparecía como alarmante, hoy aparece como una realidad”, señaló a su vez el senador Jorge Pizarro (DC); mientras que los diputados DC José Miguel Ortiz y Pablo Lorenzini le preguntaron en qué sustentaba esas proyecciones que implicaban una expansión en el segundo semestre de 4%.

Larraín explicó que esta proyección se sustenta en que el escenario internacional se mantiene igual, no recrudece la guerra comercial, pero tampoco mejora. “Efectivamente tenemos que andar en un rango de crecimiento de 4% en el segundo semestre, y creemos que lo tendremos “, afirmó.

En contraste, adelantó que no era optimista respecto del Imacec de junio, porque el componente minero se verá afectado por los 15 días de huelga en Chuquicamata: “Quiero ser realista, no esperemos una gran aceleración en junio. Hay que esperar: los efectos de la baja de tasas y las medidas del gobierno llegarán con cierto rezago, los veremos en el segundo semestre”.

Luego de la exposición de Larraín, fue el turno del director de Presupuestos, Rodrigo Cerda, quien evidenció lo que desde Hacienda se había anticipado: como consecuencia del ajuste a la baja de las cifras macroeconómicas, se prevé una baja en los ingresos fiscales y por lo mismo, un déficit efectivo mayor, que pasa de un -1,7% (marzo) a -2,1%. Junto con ello, también se anticipa una mayor deuda pública, que pasa de 25,7% de 2018 a 26,9% del PIB este año, situándose en su mayor nivel en 26 años. El déficit fiscal estructural se mantiene en -1,6% para 2019.

De hecho, el IFP contiene una separata del impacto del precio del cobre en las cuentas fiscales, que para 2019 implica que cada centavo de dólar menos en el precio del cobre promedio anual significa US$24 millones que se restan de los ingresos fiscales.

Respecto del escenario fiscal de mediano plazo, se detalló que los gastos comprometidos aumentaron en 2020 en $341.159 millones, debido al ingreso de las indicaciones al proyecto de Reforma de Pensiones, la ley del Cáncer y la ley de Isapres, entre otros, totalizando $49.481.949 millones, mientras que las holguras se mantienen en cero en 2019, y aumentan progresivamente hasta llegar a $1.093.749 millones hacia 2023.