No hay excusas que valgan para que el Gobierno nos hable de austeridad y de los sacrificios que nos exige la pandemia, y al mismo tiempo siga adelante en el gasto de $10.000 millones para comprar unas camionetas blindadas y para mejorar la imagen del presidente.

Por más vueltas retóricas que se intenten, la realidad es que tenían en sus manos ver cómo parar la ejecución de esos contratos, y no lo hicieron. Es una cachetada a los colombianos y una incoherencia con la buena gestión que se ha intentado hacer desde la Casa de Nariño en esta pandemia.

Primero se conoció de la compra de 20 camionetas blindadas para renovar la flota que protege al presidente, la vicepresidenta y varios altos cargos del Gobierno. El monto asciende a $9.641 millones. Después, el pasado 30 de abril, se firmó un contrato por $3.350 millones para la “definición e implementación de la estrategia de imagen y posicionamiento online del presidente”. Sumados, estamos hablando de casi $13.000 millones que se gastarán en algo absolutamente accesorio en plena pandemia.