El aumento de la temperatura media del planeta producto de la construcción de una civilización sustentada en la combustión de hidrocarburos, compuestos formados por átomos de carbono y oxígeno, se debe detener durante este siglo.

Para detener el calentamiento global a un nivel inferior a los 2oC existe consenso internacional en la necesidad de descarbonizar la economía mundial. Esto implica utilizar fuentes alternativas de energía que no emitan gases de efecto invernadero (GEI), en particular CO2, y acotar las emisiones a la capacidad del planeta para  absorberlas, y detener con ello la acumulación progresiva de estos gases en la atmósfera.

Las áreas de la economía mundial que deberán ser descarbonizadas durante este siglo son los sistemas de transporte, las industrias de la construcción, hierro y acero, cemento, química y petroquímica, aluminio, minería, pulpa y papel, principalmente.

Estas industrias deberán reemplazar de manera drástica el uso de combustibles fósiles por fuentes de energía sin emisiones de GEI para el año 2050. Destaca los requerimientos de los sistemas de transporte, que deberán aumentar de 4 a 60% el uso de energías sin emisiones de CO2 y la electricidad, que deberá ser generada en un 85% por fuentes renovables, en comparación al 24% actual.

Thank you for watching

El proceso de descarbonización tiene importantes implicancias en la demanda por aquellos materiales que se utilizan en la fabricación y uso de las tecnologías que permiten la sustitución de los combustibles fósiles y con ello, descarbonizar le economía. El rol de estos materiales en un futuro con emisiones de GEI controladas, está siendo destacado a nivel mundial y es necesario que en Chile tengamos claro la importancia de aquellos metales que se extraen de nuestro territorio y su impacto en el desarrollo futuro del país.

El cobre, níquel, cobalto, litio, aluminio, hierro, plomo, cromo, molibdeno, manganeso y las tierras raras, como indio y neodimio, constituyen la base sobre la cual se están desarrollando las tecnologías, la infraestructura y las aplicaciones que permitirán reemplazar los combustibles fósiles. Todos estos metales aumentarán su demanda y son críticos para el éxito del mayor desafío que ha enfrentado esta civilización, cual es, que este planeta siga siendo sustentable para el Homo sapiens.

La necesidad de más cobre en la ruta hacia detener el calentamiento global, se explica por el mayor uso de este metal como conductor eléctrico en las principales tecnologías que permiten sustituir combustibles fósiles.

De acuerdo con la Asociación Internacional del Cobre (ICA, por su sigla en inglés), un auto de tamaño mediano que es impulsado por gasolina necesita actualmente alrededor de 23 kilos de cobre; un auto híbrido, que utiliza gasolina y baterías, requiere 40 kilos y uno 100% eléctrico, 83 kilos de cobre. Los sistemas de transporte de pasajeros, como los buses eléctricos que se están desplegando en las ciudades más contaminadas del mundo, como Santiago, requieren baterías que utilizan entre 224 y 369 kilos de cobre.

También se necesita más cobre para la construcción de los centros de recarga para los vehículos eléctricos, en la construcción de las turbinas eólicas, las plantas solares fotovoltaicas y los sistemas de almacenamiento de energía.

Como lo ha señalado el Banco Mundial, las tecnologías que se supone permitirán un cambio hacia energías limpias, como los sistemas eólicos, solar, hidrógeno y electricidad, son en su composición significativamente más intensivos en metales y minerales, que los actuales sistemas tradicionales de suministro de energía basados en combustibles fósiles.

En este escenario, el país debe transitar hacia la carbono neutralidad no solo con la convicción de la necesidad de desplazar los combustibles fósiles para detener al calentamiento global sino también, conociendo la importancia e implicancias que tiene una mayor demanda de litio y cobre en este desafío, de impacto global.

He aquí algunos datos relevantes que considero deberían ser conocidos por el ciudadano común y, en particular, por quienes tienen la responsabilidad de diseñar las políticas públicas de nuestro país, considerando la necesidad de disminuir las odiosas desigualdades normativas y mejorar la calidad de vida de la gente.

¿Cuánto más cobre se demandará para sustituir los combustibles fósiles? Las proyecciones respecto a la demanda de cobre asociada a la descarbonización de las industrias responsables de la emisión de GEI, varían en función de algunos supuestos respecto de la importancia relativa de las tecnologías más utilizadas en la sustitución de los combustibles fósiles. Obviamente, algunas tecnologías utilizan más cobre que otras.

Sin embargo, la mayoría de las estimaciones señalan que para alcanzar la neutralidad climática el año 2050, se requerirán del orden de 20 a 25 millones de toneladas de cobre anuales, por sobre la demanda actual. Esto implica duplicar la producción actual de 20 millones de toneladas por año.

Si durante esta década se declara una emergencia climática a escala global, como muchos expertos sugieren, el proceso de descarbonización de la economía mundial deberá acelerarse.

¿Está preparada la minería chilena para enfrentar una mayor demanda de cobre? En Chile existen 26 yacimientos mineros que constituyen la Gran Minería del país y que producen 5,7 millones de toneladas de cobre por año, que representa el 28% de la producción mundial.

Frente a un escenario de mayor demanda debido a la descarbonización de distintas industrias en todo el mundo, la lógica económica indica que la producción nacional crecerá en función de los costos que dicho aumento signifique para cada mina o para la explotación de nuevos yacimientos.

Si el precio del metal se mantiene por sobre los US$ 4 la libra, otros proyectos mineros que hoy permanecen abandonados o suspendidos, podrían ser rentables si cumplen con los nuevos estándares medio ambientales que la sociedad exige.

En Chile, los principales yacimientos en producción se encuentran en una etapa madura de explotación. La disminución de las leyes, mayor dureza de la roca y una mayor distancia desde el punto de extracción hasta el sector de procesamiento, implican aumento de costos debido, por ejemplo, a un mayor uso de electricidad y de combustibles.

Si a lo anterior se agrega los requerimientos de desalinizar agua de mar, el aumento de los gravámenes por emisiones de GEI y la mala reputación de la industria en el ciudadano común, se puede prever que la minería del cobre en Chile enfrentará un escenario  desafiante, en el cual deberá maximizar sus capacidades de innovación para explorar, desarrollar nuevas reservas, obtener el respaldo de las comunidades, neutralizar los mayores costos y la perdida potencial de competitividad.

¿Por qué Chile tiene tanto cobre y cuáles son las reservas que aún quedan por producir? La presencia de los yacimientos de cobre más grandes del mundo en el territorio chileno se debe a una singularidad geológica, que se caracteriza por la colisión frontal de dos placas tectónicas, Pacífica y Sudamericana, durante los últimos 150 millones de años de la evolución de este planeta. Situación que compartimos con Perú. Este proceso ha permitido la concentración de cobre en distintos momentos geológicos y que hoy es posible extraer de manera industrial y obtener beneficios económicos.

En Chile se han explotado yacimientos de cobre desde la Colonia. Yacimientos como El Teniente y Chuquicamata han producido cobre por más de 100 años y aún poseen reservas para los próximos 40 a 50 años y más, si los precios y costos son adecuados.

Agrupando los yacimientos de la Gran Minería que hoy producen cobre, las estimaciones geológicas indican que las reservas de Chile son del orden de 200 millones de toneladas, lo que significa que a un ritmo de explotación como el actual, éstas se agotarían en los próximos 35 años, aproximadamente. Sin embargo, las condiciones geológicas del país son tan extraordinarias, que desde 1995 la producción aumentó de 2,3 a 5,7 millones de toneladas anuales y las reservas probadas aumentaron de 163 a 200 millones y estas pueden seguir aumentando si se invierte más en exploración geológica.

¿Cuál es el potencial exploratorio de Chile? Los datos de reservas se basan en información pública, que en términos económicos podemos denominar como reservas probadas que generan beneficio bajo las condiciones de mercado actual. Sin embargo, existe un potencial exploratorio del país que requiere de desarrollo de conocimiento geocientíficos, capital de riesgo y, sobre todo, el tan manipulado concepto de licencia social, es decir, el respaldo de las comunidades locales y la sociedad para que una empresa rompa las montañas para extraer el cobre, con un inevitable impacto ambiental, que todos conocemos.

Los modelos geológicos indican que a lo largo de la cordillera de Chile existiría un potencial no descubierto de cobre del orden de 240 millones de toneladas, con lo cual esta industria podría seguir existiendo por otros 75 años, al ritmo de explotación actual.

Sin embargo, para descubrir nuevos yacimientos, se requiere de los incentivos adecuados para que inversionistas dispuestos a arriesgar su capital, exploren y evalúen en las entrañas mismas de la cordillera de Los Andes, si existen más acumulaciones de cobre posibles de ser extraídas económicamente. Pero sobre todo, y es el gran desafío para esta industria, se requiere la validación de la sociedad, que hoy no está dispuesta a aceptar los costos medio ambientales por sobre los beneficios económicos.

Se puede señalar que el cobre es un metal fundamental para lograr la descarbonización de la economía mundial y detener el calentamiento global. Esto aumentará la demanda y los precios del cobre, generando un estímulo que debería significar un incremento de la producción en Chile.

Con esta realidad inminente, es de vital importancia que en la discusión sobre la estratégica de desarrollo del país, si más impuestos o menos impuestos, al corto, mediano o largo plazo, las partes consideren la necesidad de que la Gran Minería del cobre sea primero validada por la sociedad. Solo de esta forma, las comunidades respaldaran las inversiones necesarias para descubrir y desarrollar nuevos yacimientos, aumentar la producción y generar más recursos para el Estado, en un país que discute una nueva Constitución y con la gente en las calles pidiendo mejores condiciones de vida.